Llegaron buscando software. Salieron con algo mucho más valioso.
Una empresa nos contactó porque necesitaba desarrollar una plataforma para administrar gran parte de su operación.
La conversación comenzó hablando de módulos, pantallas e integraciones.
Era muy fácil empezar a hablar de pantallas.
Era mucho más importante entender el proceso.
- ¿Cómo trabajaban?
- ¿Quién participaba en cada etapa?
- ¿Dónde comenzaban realmente los problemas?
Poco a poco apareció algo que nadie había planteado.
El principal problema no era la falta de software.
Era que muchos procesos todavía no estaban claramente definidos.
Si desarrollábamos una plataforma sobre esa base, solo conseguiríamos digitalizar el desorden.
Ordenar los procesos.
Definir los flujos.
Entender cómo debía funcionar realmente la operación.
El cliente estuvo de acuerdo.
Y ese fue el primer proyecto que desarrollamos juntos.
Ese trabajo permitió que el desarrollo posterior comenzara sobre procesos claros y compartidos por toda la organización.
El primer proyecto no fue desarrollar software.
Fue entender qué software valía la pena desarrollar.