Quizás no necesitas desarrollar un software.

Escribir código es relativamente fácil. Descubrir cuál vale la pena escribir, no tanto.

Si llegaste aquí, probablemente estás evaluando desarrollar una plataforma, una aplicación o integrar distintos sistemas.

Y seguramente ya visitaste varias empresas.

La mayoría promete más o menos lo mismo.

Nosotros también podríamos hacerlo.

Pero creemos que la conversación debería empezar por otro lado.

No desarrollamos el software que el cliente pide.
Desarrollamos el software que el negocio necesita.

A veces eso significa
desarrollar una plataforma.
Otras veces
integrar sistemas.
También
automatizar procesos.
O simplemente recomendar un
camino distinto.

Ayudamos a tomar mejores decisiones y disminuir el riesgo de los proyectos tecnológicos.

Lo primero que hacemos no es programar.
Es entender.

Y para entender, realizamos este tipo de preguntas:

  • ¿Cómo trabajan hoy?
  • ¿Qué problema están intentando resolver?
  • ¿Qué sistemas utilizan actualmente?
  • ¿Qué han intentado hasta ahora?
  • ¿Cuál es el costo de seguir haciendo las cosas de la misma manera?

Después de más de veinte años aprendimos algo:

Hay empresas que llegan convencidas de que ya saben cuál es la solución.

Y otras que simplemente saben que algo no está funcionando.

Que un proceso demora demasiado.

Que siguen dependiendo de planillas Excel.

Que la información no llega cuando debería.

O que el negocio creció más rápido que la tecnología.

En todos los casos...

Nuestro trabajo es exactamente el mismo.

Entender primero.

Proponer después.

Todo parte con una conversación.

Si lo que leíste hasta aquí hace sentido para tu empresa...

Conversemos.

  • No para hablar de tecnologías.
  • Ni de pantallas.
  • Ni de cuánto costará un proyecto.

Primero queremos entender qué está pasando.

Después veremos si desarrollar software es realmente la mejor decisión.

Si aún no estás convencido,
te dejamos algunas historias reales.

Llegaron buscando software. Salieron con algo mucho más valioso.

Una empresa nos contactó porque necesitaba desarrollar una plataforma para administrar gran parte de su operación.

La conversación comenzó hablando de módulos, pantallas e integraciones.

Era muy fácil empezar a hablar de pantallas.

Era mucho más importante entender el proceso.

  • ¿Cómo trabajaban?
  • ¿Quién participaba en cada etapa?
  • ¿Dónde comenzaban realmente los problemas?

Poco a poco apareció algo que nadie había planteado.

El principal problema no era la falta de software.

Era que muchos procesos todavía no estaban claramente definidos.

Si desarrollábamos una plataforma sobre esa base, solo conseguiríamos digitalizar el desorden.

Ordenar los procesos.

Definir los flujos.

Entender cómo debía funcionar realmente la operación.

El cliente estuvo de acuerdo.

Y ese fue el primer proyecto que desarrollamos juntos.

Ese trabajo permitió que el desarrollo posterior comenzara sobre procesos claros y compartidos por toda la organización.

El primer proyecto no fue desarrollar software.

Fue entender qué software valía la pena desarrollar.

Querían acercar la información
a sus gerentes.

Una empresa tenía información distribuida en distintas herramientas de gestión y reportería.

El problema no era que faltaran datos.

El problema era que acceder a ellos seguía dependiendo de pantallas, reportes y tiempo disponible.

Después de analizar el caso entendimos que el verdadero desafío no era crear otro dashboard.

Desde cualquier lugar.

Ahí apareció la Inteligencia Artificial.

Era permitir que un gerente pudiera conversar con la información.

No porque estuviera de moda.

Sino porque era la mejor herramienta para resolver ese problema.

La solución fue una aplicación donde el usuario realiza una consulta por voz.

La IA interpreta la pregunta, consulta la información disponible y responde en segundos con una explicación en lenguaje natural.

El gerente ya no necesita buscar un reporte.

Puede hacer una pregunta.

Y obtener una respuesta.

Donde esté.

Cuando la necesite.

La IA no fue la innovación.

La innovación fue permitir que un gerente conversara con su negocio.

La plataforma ya existía.
Igual desarrollamos otra.

Una empresa gestionaba diariamente la programación de sus transportes.

Durante años el proceso fue creciendo sobre planillas Excel, correos electrónicos y distintos sistemas internos.

Funcionaba.

Pero cada día aparecían más revisiones.

Más errores.

Y más coordinación entre personas.

La empresa ya conocía una plataforma muy completa utilizada dentro de su industria.

Curiosamente, esa plataforma también había sido desarrollada por nosotros.

Después de analizar la operación llegamos a una conclusión distinta.

No necesitaban una plataforma enorme.

Necesitaban una plataforma precisa.

Con las integraciones que realmente agregaban valor para su negocio.

En lugar de intentar resolver todo desde el primer día, propusimos comenzar con un MVP.

Una primera versión enfocada en lo realmente importante, preparada para seguir creciendo.

La operación comenzó a simplificarse desde el primer día, mientras la plataforma quedaba lista para seguir evolucionando sin partir nuevamente desde cero.

No construimos una copia más pequeña.

Construimos la versión que realmente necesitaban.

La seguridad
no se agregó al final.

Una empresa necesitaba desarrollar un portal para relacionarse con sus proveedores.

Todo indicaba que sería un portal relativamente tradicional.

Pero durante las primeras reuniones apareció una preocupación mucho más importante.

La seguridad.

Antes de hablar de pantallas o funcionalidades hicimos una pregunta distinta.

¿Qué pasaría si alguien accediera a información que no debería ver?

Esa pregunta cambió completamente el proyecto.

La seguridad dejó de ser un requisito técnico.

Pasó a formar parte del negocio.

Por eso la arquitectura, los permisos, la autenticación y las integraciones se definieron desde el comienzo.

Porque corregir una vulnerabilidad siempre cuesta más que prevenirla.

La seguridad dejó de ser una revisión de último minuto y pasó a convertirse en un criterio de diseño.

La seguridad no fue algo que agregamos.

Fue una decisión tomada desde el principio.

El proyecto era para un área.
Terminó preparado para toda la empresa.

Una empresa nos contactó para digitalizar un proceso muy específico.

La idea parecía sencilla.

Un portal.

Un flujo de solicitudes.

Y dejar atrás los correos electrónicos y planillas.

Podíamos haber construido exactamente eso.

Pero durante las reuniones hicimos una pregunta distinta.

¿Qué pasaría cuando otra área quiera utilizar la misma plataforma?

...

Hubo silencio.

...

Porque nadie lo había pensado.

Ahí entendimos que el problema no era ese proceso.

La empresa estaba comenzando a digitalizar distintos flujos.

Si diseñábamos la solución únicamente para la necesidad inicial, tarde o temprano tendrían que volver a empezar.

Por eso propusimos una arquitectura preparada para incorporar nuevas áreas desde la misma base.

El primer módulo resolvió el problema inmediato.

La plataforma quedó preparada para crecer junto con la empresa.

La primera necesidad quedó resuelta sin limitar todas las que vendrían después.

El primer módulo resolvió el problema de un área.

La arquitectura quedó preparada para resolver los de toda la empresa.

Todo parte con una conversación.

Lo primero que haremos será escucharte.

Después vendrán las preguntas.

Y, si creemos que desarrollar software es la mejor solución para tu negocio, te lo diremos.

Y si creemos que existe un camino mejor...

También

Porque nuestro trabajo no consiste solamente en desarrollar software.

Consiste en ayudarte a tomar mejores decisiones y disminuir el riesgo de los proyectos tecnológicos.